Cuando me señalas
y dices “hombre”
invocando un oscuro
y brutal pecado original
me turbas y confundes
porque hablas de mí como otro
como ejecutor cómplice
de un antiguo legado histórico
que supura a través de mis actos
que habla mis palabras
que ramifica su sabia en mi seno
“hombre”, dices, crujen mis huesos
“hombre” exhala mi aliento
“hombre” deposita la sal de mi llanto
“hombre”, un estruendo en tu boca
que inocula culpa
hasta el mismo tuétano
Me avergüenzo
y niego y me resisto
y grito y braceo
para expulsar de mi cuerpo
esa palabra que me acecha
ese “hombre” que me amenaza
con su zumbido rabioso
fuera insecto
aleja tu lengua viscosa
del territorio que ocupo
“hombre” no soy yo
sino una palabra que me habita
que revienta y salpica
hasta mis vísceras más íntimas
yo, soy cuerpo y no “hombre”
soy mirada y no “hombre”
soy piel y no “hombre”
y palabras y no “hombre”
y te amo yo y no un “hombre”
soy tantas cosas
que no son “hombre”
que me turbas y confundes
cuando hablas de mí como otro
mientras la maldita palabra
que emana de no sé
que entraña remota
no cesa en su griterío
ni se despega de mi cuerpo
ni de mi mirada
ni de mi piel
ni de mi amor
ni de tantas cosas que soy
que no son “hombre”
Y en ese punto
perplejo y herido
recuerdo a la ingenua paloma
soñando atravesar
el aire sin freno
volar sin su hostil resistencia
un límite, un capricho divino
sin el que no habría
paloma ni vuelo
y entonces acojo
y digo aire
y digo “hombre”
ligero y suave
como un suspiro
montado en claras de sueños
de deseos y recuerdos
una masa que sube liviana
vaciada de la culpa del tiempo
impulsada y mimada
por el calor tenue
de ese que soy
cuando no soy “hombre”
y el maldito “hombre”
sea lo que sea “hombre”
renace al mundo
como una palabra nueva
para hacer
cabriolas en el aire

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