-Manuel, que noche más clara, la luna está preciosa, la siento en el estomago, como un peso dulce, como un peso amado, y las estrellas, que escenario más raro, me resisto a pensarlo, la belleza cuando se piensa evapora su encanto, o al menos cambia su estado,
no es lo mismo lo bello gaseoso, que lo bello sólido, que lo bello líquido. Qué tonterías se me ocurren esta noche, deben ser los grillos, ese ruido estridente y rítmico es como la música de otro tiempo, como la versión al arpa del seno materno.

-Sí, es impresionante, los grillos, ese perro que suena lejano y el olor de los pinos, es como una experiencia de retorno, sólo falta el mar , bueno a mí me falta el mar para que ese sentimiento, profundo, animal y olvidado, invoque las lágrimas en lo ojos. A mí siempre me ha gustado dormir bajo las estrellas, aunque siempre me pregunto si este escenario, a diario, cotidiano, no diluiría su misterio. Nada es como la primera vez, y seria una pena que ese firmamento infinito acabara por no diferenciarse de los azulejos de mi baño.

-No, nada es como la primera vez, para bien y para mal, hay cosas que las amas de golpe, caen como un meteorito y en un instante han dejado en tí un cráter eterno, primero las sientes y luego las entiendes, pero hay otras que no, que te exigen tiempo y esfuerzo, que primero las entiendes y luego, un día, sin saber por qué, te enamoran, esas también te acompañan para el resto. Creo que lo que hoy te pasa es una emoción híbrida y mestiza entre ambas, un impacto que el tiempo acuna y mejora.

-Sí, es posible, pero las primeras son como una pulsión arrebatada, como esa luna que desanda el calendario hasta tu primera luna, hasta una luna que tu memoria no retiene pero que tu cuerpo animal conoce y codicia.

-Manuel, no te preocupes, este escenario siempre tendrá para tí algo de primera vez. Sabes, el otro día me preguntaba, una tontería, cómo debe sonar a un escandinavo mi acento castellano, y me di cuenta que jamás podré saberlo por mucho que me lo expliquen, los lugares no son intercambiables y el de los otros ya está ocupado. Tampoco podré vivir por primera vez lo ya vivido, lo ya desvelado, lo que conoces se transforma en tu conocerlo. El mar de mi infancia no se ha movido, pero mis ojos ya no se dejan sorprender por su azul inmenso, ni siquiera recuerdo esa primera vez que me bañé en sus aguas, pero no importa, porque sé que esta en mí, que se han difuminado los perfiles de aquel encuentro, pero no su sustancia que se ha fundido con la sustancia de mis sueños, de mis deseos. Por eso, cuando me acerco al mar, entre los cañaverales y el olor del hinojo me corteja, sé que me adentro en un lugar remoto y atávico un lugar que ya antes, han habitado mis huesos, sé que estoy en casa.

-Qué animales más extraños somos, sabemos cosas sin recordarlas, y recordamos cosas que no sabemos, es como si tuviéramos dos estómagos separados, uno que procesa las cosas y otro su memoria dormida.

-Manuel ¿tienes sueño?

-Sí, pero no tengo prisa, me gusta sentir como el sueño me seduce, como los parpados se vencen y la cabeza se desvitaliza, la conciencia del sueño es una de mis sensaciones preferidas, te va rondando, susurrando, te narcotiza poco a poco, hasta que de pronto el alba te recuerda que de eso hace ya mucho rato. Así que sigue hablando, tu voz me acompaña en ese tránsito.

-¿Por qué dices que somos animales extraños? ¿por qué animales?

-Bueno es una forma de hablar para expresar lo extraños y complicados que somos. Los animales, los de verdad, me parecen más sensatos. Todo y que me pasa con ellos como a ti con los escandinavos, que jamás podré saber como sienten. Parece, o eso dicen, que ellos solo viven, sin sentido, sin argumento. Para ellos no hay ni pasado ni futuro, supongo que eso tiene sus ventajas, desaparece el tedio y la preocupación por la muerte, y el tiempo vivido nunca te acecha, pero, si tuviera que elegir, no sé ¿y las estrellas? ¿y la belleza?, también desaparecen. Se les hace a los lobos un nudo en el estomago cuando la luna resplandece, como esta noche, no sé, ellos no pueden elegir, claro que nosotros tampoco. Igual la belleza es solo un consuelo, una palmadita en el hombro, el pésame por una vida que se extingue, en fin parece que una noche como esta proyecta más sombras que las visibles.

-Oye Manuel, tu recuerdas cuando éramos pequeños.

-Claro, claro que me acuerdo, sabes que recuerdo más de lo que tu recuerdas, pero ¿por qué lo preguntas?

-Recuerdas algún animal de tu infancia

-Pocos, en aquel tiempo las familias eran grandes y extensas y los animales que no iban al plato, tenían algún servicio, pero supongo que tu preguntas por un animal amado. Solo recuerdo uno, se llamaba Colón, un perro que tu tío salvo de un atropello y que agradecido siempre rondo la casa, a aquel perro creo que se le quiso mucho.

-No sé porqué, me han venido a la cabeza, aquellas tardes de verano, al volver de la escuela, cuando nos escondíamos en aquel rincón, bajo la escalera de, no me acuerdo cómo se llamaba mi amigo y, a refugio de miradas y juicios de adultos contábamos historias y tomábamos sidral como si fuera un brebaje iniciático y jugábamos a ser animales.

-Qué juego más tonto, nunca me gustó

-Recuerdas cual era tu animal preferido

-No, eso no lo recuerdo, pero supongo que cambiaria según mi estado de ánimo o el cuento que hubiera leído, o tu padre te hubiera explicado, un cerdito, un oso, Bambi
¿te acuerdas de Bambi? y el pobre lobo, quién iba a querer ser un lobo y, sin embargo, se comen más hombres los osos que los lobos o, qué niño va a querer ser serpiente, el Libro de la Selva sentenció las serpientes por muchas generaciones, joder como la Biblia, bueno eso también es un cuento.

-¿Ves?, no era un juego tan tonto, para nosotros los humanos, a diferencia de los animales, el mundo no solo existe, no es y nada más, sino que es en tanto que referenciado a nosotros mismos, el mundo es simbólico, no operamos con animales, sino con lo que ellos significan para nosotros, por eso cambiabas de animal según tu estado de animo, por eso Bambi, la víctima eterna, era todos nosotros.
Te propongo que juguemos como si fuéramos niños, imagina que la noche te protege como la escalera de mi amigo y que el caldito del termo es nuestro sidral iniciático, imagina qué animal serías y así yo sabré cuál es tu estado de ánimo, que es el mío, pero no quiero que me digas el animal que eres, ese lo conozco, sino el que te gustaría ser, imagina, juega con las palabras, con mis sueños, expresa tus deseos.

-¡Por Dios¡ ¿qué te pasa esta noche? si jugamos a ese juego tonto seguro que me duermo en un minuto y me pierdo las estrellas, además, ya sabes que a mí nunca me han sido fáciles estos juegos de trasferencia de identidad, ni tengo música de mi vida, ni numero preferido, ni color favorito y cualquiera de estas elecciones simples me deja con cara de palo.

-Bueno, hazlo por mí, a ver si me duermo, hoy los fantasmas no me dejan coger el sueño.

-Vale, pero si por fin el sueño me conquista, cédele tu territorio.

-De acuerdo, como si fuera la primera vez,si fueras un animal ¿cuál te gustaría ser?

-Hombre, en un niño la respuesta es automática y espontánea, yo ya tengo unos años y la voluntad contaminada de tanto elegir, así que lo de la primera vez ni esnifando todas las estrellas del firmamento, te tendrás que conformar con lo que te pueda ofrecer ahora que ya he agotado casi todas mis primeras veces. He de pensarlo, no lo sé hacer de otra manera, además en los últimos años a parte de perros y gatos y algún documental del NG no han entrado más animales en mi campo. A ver, deja que piense en voz alta:
creo que primero de todo me gustaría ser un animal al que nadie pudiera hacer daño, no quiero que nadie me hiera, un felino, un león o algo así, pero bueno tampoco quiero que me tengan miedo, eso no. Quizás un animal al que todos quisieran, comoooo, una foca, una foca blanca, pero pobrecillas los hombres las matan a palos, justo lo contrario del león. Igual una tortuga que vive muchos años y tienen un caparazón que todo lo aguanta, pero están que se extinguen. Una animal social, eso me gusta, siempre acompañado, una hormiga, una abeja, solo que esa es una vida de trabajo, y seguro que el hormiguero esta lleno de capullos que te van chuleando. Reptiles nada, lo dicho, entre Mowgli y los cuentos de serpientes que roban niños creo que no encuentran lugar entre mis deseos. Aves tampoco, no sé porqué pero me erizan el bello, como los peces, lo viscoso me da asco.
El bicho palo, el bicho palo es genial para mí, se mimetiza tanto con su entorno que se invisibiliza, pasa desapercibido, además se lo debo por tantos que capturé de pequeño, aunque si los veía yo, los puede ver cualquier otro.
Bueno en realidad me gustaría una mezcla de todos ellos, como esto es un juego inventemos un animal, que nadie pueda dañar, al que todos quieran y protejan y que sea feliz sin necesidad de mucho, un Lefotobi, con la fuerza del león, el amor de la foca, el tiempo de la tortuga y la discreción del bicho palo.

-Siempre tan pensado en todos tus actos, bueno el Lefotobi ¿va solo o en manadas?

-Creo que en manadas, pero no muy grandes, que pueda Lefotobiar con otros y otras pero sin machos alfas, ni gorrones, ni malvados. Otra noche, con más tiempo, ya le pensaremos un marco relacional virtuoso

-Pero ese animal, el Lefotobi, no existe.

-Ahora sí, acabo de darle existencia.

-Pero esa existencia no es como las otras existencias, no es real.

-Y ¿qué es lo real? acaso no tienen existencia los personajes de tus novelas preferidas, o tus sueños o tus recuerdos.¿ No existen como las otras cosas? como tú decías antes los humanos extraños y complejos nos movemos en un universo simbólico, de tal manera que la del Lefotobi también es una forma de existencia.

-Ahora me estas mareando, estas mezclando lo real real con lo real imaginario.

-Real o imaginario tienen casi el mismo efecto sobre las cosas. No existían los vampiros y tú de pequeño dormías con una cruz en la cama, y tampoco existe Dios, al menos ese Dios que nos vigila y nos mira y prescribe nuestros actos, y en su nombre se ha poblado la historia de muertos. ¿Por qué? nuestro Lefotobi no puede ser a partir de ahora el faro de nuestra existencia, el principio guía de nuestros actos, la revelación que todo lo transforma, al final los humanos inflamamos lo real con la inyección de lo imaginario.

-Bueno, discutir contigo se hace interminable y ya se ha hecho muy tarde, quizás si que deberíamos dejar que el sueño nos alcance, pero déjame que te haga una última pregunta que me acecha, tú, Manuel, ¿que tipo de existencia tienes?

-No hemos quedado que era un Lefotobi

-No te rías, te lo pregunto en serio

-Vaya pregunta, ahora me parece que naciste ayer o que este cielo te ha vuelto tonto, tú sabes perfectamente cual es mi tipo de existencia, yo soy tú sombra o tú mi cuerpo, tu eres lo real real, y yo tu real imaginario, soy un Lefotobi versión humano extraño y complejo. Yo sin tí no soy, y tu sin mí eres un animalillo, una lagartija, la cito en este animalario, porque con ellas sí que estás en deuda.

-Lo de las lagartijas ha sido un golpe bajo. A veces eres retorcido como un olivo, pero te lo perdono, es cierto son los únicos animales que he maltratado, en un tiempo ya remoto pero eso que tiene que ver con lo que te pregunto.

-Nada, pero me azora que te preguntes por mi existencia

– No te preocupes Manuel, yo no quiero perderte, no quiero ser un animalillo sin su Lefotobi, que tanto sabe y acompaña y entretiene y calma la pena y la angustia de vivir bajo las estrellas. Duerme Manuel, que la noche es corta y el día nos espera bien despiertos.

17/03/2015

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