Yo lo conozco.
Dice ir por el mundo con ganas de descubrir y ser descubierto. Ir por el mundo puede implicar la idea de movimiento, pero él no percibe tanto movimiento. Aquí está, a un kilómetro de donde nació.
Igual le da por disfrutar de sus decisiones y cómo le está yendo la vida, como le da por ver su vida como un gran vacío y viviendo un gran autoengaño. Sin nada lo suficientemente importante como para estar del todo presente. Yendo por la vida pensando: ¿ya está? ¿Esto es la vida? ¿No hay más? Qué decepción, ¿no?. Siempre cree poder estar mejor en otro sitio. Siempre mirando el exterior por las ventanas. Con la cabeza siempre en marcha. No hace mucho que se ha dado cuenta de que bajo la excusa de ser mental, pensar le ha alejado de sentir.
Sentir, ese gran descubrimiento. Qué difícil le es separar, diferenciar, lo que son pensamientos de lo que son emociones.
Qué grande es el mundo emocional, una vez que se descubre. Detrás de todo, absolutamente todo hay una emoción. ¿Pero no era el sexo lo que movía el mundo? Pues no.
Su madurez pasa por la conciencia de la existencia de un mundo emocional abrumadoramente importante. Primero hizo una aproximación racional, que está durando mucho tiempo. Ahora prefiere dar paso a vivir esas emociones, a reconocerlas dentro del cuerpo. A aceptarlas, a moverlas a veces pero sobretodo a ser movido por ellas. El cree, que un 0’00001 de hombres conectan con su mundo emocional no sólo racionalmente, y ademas cree ser uno de ellos, aunque sabe que le queda mucho por aprender.
Qué dificil le es diferenciar lo necesario del deseo, la realidad a la ilusión, lo que sabe y no sabe.
De su viaje como guerrero viene cansado y con algunos tesoros. Todos polémicos.
Tiene un carácter molestamente pedagógico a veces, prescindible la mayor parte de momentos en los que aparece en escena.
Bueno, me despido. No ha sido fácil hablar de él. Con un poco de suerte os contará él mismo.

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