Cartas de Rilke al joven Franz Xaver Kappus
(Página 21:)

París, a 17 de febrero de 1903

(…)
Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Con anterioridad se lo ha preguntado usted a otros. Los envía usted a revistas. Los compra con otros poemas y se preocupa cuando determinadas reacciones rechazan sus intentos poéticos. Pues bien (ya que me ha autorizado usted a aconsejarle), le ruego que renuncie a todo eso. Usted mira hacia fuera, y eso es sobre todo lo que no debería hacer ahora. Nadie puede aconsejarle y ayudarle a usted, nadie. Sólo hay un medio. Adéntrese en sí mismo. Investigue usted el motivo que le impulsa a escribir; averigüe si extiende sus raíces hasta lo más profundo de su corazón, compruebe si se moriría por fuerza si no le fuera permitido escribir. Y sobre todo, esto: pregúntese a sí mismo en la hora más silenciosa de la noche: ¿debo escribir? Excave usted en sí mismo en busca de una respuesta profunda. Y si ésta resulta ser afirmativa, si tiene usted que salir al encuentro de esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «Debo», entonces construya usted su vida conforme a esta necesidad; su vida debe ser, su en su hora más indiferente e insignificante, señal y testimonio de este impulso. Después acérquese a la naturaleza. Entonces intente decir, como si fuera el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba poemas de amor; rechace usted al principio aquellas formas que son demasiado habituales y corrientes: ésas son las más difíciles, pues se necesita una gran fuerza y madurez para dar algo propio donde existen ya cantidad de buenos y en parte brillantes textos que han llegado hasta nosotros. Por tanto, prefiera usted a los motivos generales los que le ofrece su propia vida cada día; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y su fe en algún tipo de belleza… describa usted todo eso con una íntima, callada y humilde sinceridad y utilice para expresarse las cosas de su entorno, las imágenes de sus sueños y los temas de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece a usted pobre, no le eche la culpa a ella; acúsese a sí mismo, dígase que no es suficientemente poeta para convocar a sus riquezas; pues para quien es creador no existe la pobreza ni lugar alguno pobre o indiferente. E incluso si estuviera Vd. en una cárcel cuyos muros no dejaran llegar a sus sentidos ni un solo rumor del mundo, ¿no le seguiría quedando a usted su infancia, esa riqueza preciosa y regia, esa casa del tesoro de los recuerdos? Dirija usted su atención hacia ella. Intente hacer que surjan las sensaciones sumergidas de ese vasto pasado; su personalidad se reafirmará, su soledad se ampliará y se convertirá en una penumbrosa morada ante la que el estrépito de los demás transcurrirá muy lejos. Y si de ese volverse hacia su interior, de esa inmersión en el mundo propio surgen versos, entonces no pensará en preguntar a alguien si son buenos versos. Tampoco intentará usted que las revistas se interesen por esos trabajos, pues verá usted en ellos su más querida y natural propiedad, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad. En este su modo de engendrarse radica su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde brota su vida; en su manantial encontrará usted la respuesta a la pregunta de si debe crear. Acéptela tal como suene, sin buscarle las vueltas. Tal vez resulte cierto que está usted llamado a ser artista. Entonces cargue con su propio destino y lleve su peso y su grandeza sin preguntar nunca por el premio que podría llegar de fuera. Pues el creador debe ser un mundo para sí mismo y encontrar todo en sí mismo y en la naturaleza, a la que se ha incorporado.
Aunque tal vez, después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga que renunciar usted a ser poeta; (basta, como ya he dicho, sentir que uno es capaz de vivir sin escribir, para no tener que hacerlo de ninguna manera). Pues aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil. Su vida, en todo caso, encontrará a partir de ahí caminos propios, y que puedan ser buenos, ricos y amplios es lo que le deseo más de cuánto podría decir.
(…)
Le devuelvo al mismo tiempo los versos que tan amablemente me confió usted y le agradezco nuevamente la amplitud y cordialidad de su confianza, de la que con esta respuesta, dada con sinceridad y según mi mejor saber, he intentado hacerme un poco más digno de lo que, como un extraño, realmente soy.

Con todo afecto y simpatía:

Rainer Maria Rilke

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