Hola, soy Josetín. Me acabo de enterar de que hay un primo mío que vive desde hace tiempo en Barcelona. Se llama casi como yo, pero habla catalán y tiene amigos e incluso novia o mujer, o lo que sea, que es de aquí. Así que, dicho y hecho, me he decidido a escribirte.
Pues yo me he quedado en Huesca. Es una ciudad tranquila; aquí nos conocemos todos. Cuando acabé la carrera de Historia hice la tesina sobre la fotografía de nuestro abuelo. Luego, las oposiciones a profesor de secundaria. Pero no he llegado a hacer de profe. No me gustan las manías d elos adolescentes. Me he colocado en el Museo Provincial. Estoy en catálogo. Me encanta también escribir guías para los pocos turistas que vienen. ¡Con la cantidad de monumentos y obras de arte que tenemos en Aragón!Aunque algunas, antes de que nos diéramos cuenta, se nos las llevaron a Cataluña. De eso tú debes saber mucho, ¿no?
Al volver a Huesca me he vuelto a encontrar con los compañeros del Colegio San Viator. Salimos de copas; ya sabes que en Huesca los bares son la industria nacional. Luego vamos de excursión al Pirineo; todo acompañado de buen ternasco y buen vino. ¡Esto sí que es vida!
Conocí a una chica, hija del director del Museo. Empezamos a salir juntos; éramos una pandilla de chicas y chicos. Íbamos juntos al cine a Zaragoza. Luego acabamos creando un cineclub en Huesca, dentro de la Peña Zoiti, que aún funciona. Nos traemos algo del buen cine que hay por ahí y, después de la proyección, nos quedamos hablando sobre la película. Poco a poco, Elisa y yo empezamos a viajar juntos. Solos. Ella es maestra. Le gustan mucho los niños de los demás; es muy cariñosa.
Un día decidimos irnos a vivir juntos y, para hacerlo, nos casamos, porque tanto los padres de ella como los míos nos presionaban mucho. Ahora tenemos dos hijos, los dos varones. Hay uno que ha estudiado comoyo, en San Viator y que ahora va para químico. El pequeño fue al Instituto y ha acabado Filosofía. No sé qué será de ellos porque, de momento, viven en casa con nosotros y les tenemos que ayudar.
Me dicen que no aguantaste en Zaragoza. Que cogiste el portante y te largaste a Barcelona. Que te echaste novias catalanas, que hablas catalán y que incluso tienes una hija independentista. Pero, ¡hombre del sombrero! ¿cómo se te ocurre? Romper con la lengua de tu madre, cambiar de ciudad, irte lejos de Huesca a una gran ciudad. Mira, te digo una cosa: aquí se vive estupendamente. Yo, por ejemplo, vivo no muy lejos de mamá, en el barrio de Los Olivos. Es una casa adosada con jardín, que en Barcelona no podría tener. Me dedico a lo que me gusta, a la Historia y no me meto en líos como me han dicho que te metes tú. Además, tengo cerca a mi madre (y a mi padre mientras vivió), lo que siempre es un descanso.
Elisa y yo nos hemos adostumbrado a vivir juntos. Tenemos amigos que se han separado; nosotros no. Yo, no te creas, he tonteado con algunas compañeras, pero sin llegar a mayores. Creo que Elisa lo sabe y no le da importancia.
Me han dicho que tu vida sentimental y de pareja ha sido más variada que la mía. Que has tenido tres mujeres con las que has convivido. Chico, ¡eres un crack! Menos mal que esta última es aragonesa. A ver si te serena.
Por la mañana, cuando me levanto para ir a andar y veo las sierras de Guara, el Gratal, el Pico del Águila, el Salto de Roldán, todo como si fuera un diaorama sobre fondo azul, como un belén de Navidad, me siento afortunado por vivir aquí. He viajado. Puede que incluso más que tú. Pero me quedo aquí. Éste es mi rincón de mundo. No echo en falta el mar. Para eso, para sentir la inmensidad, ya tengo los Monegros. Aunque, cuando llega la canícula, sí que echo en falta la playa. No pasa nada: cojo la familia en el coche y nos plantamos en Gandía unos días. Pero luego, hay que volver, que este cielo tan azul cuando el cierzo lo barre no lo tienen en ningún sitio.
Hubo sí, un momento, un “match point”, en el que estuve a punto de marchar. Un compañero me propuso ir juntos a Barcelona, que entonces era LA ciudad, LA metrópolis. Él se iba en autostop y me proponía ir con él. Fuimos y aquello fue una experiencia que me dejó anonadado. ¡Cuánta gente, qué bullicio! Recuerdo la variedad de tipos; las mujeres, más desenvueltas que las chicas de aquí entonces; la gente leyendo. Me mareaban tantas sensaciones a cada instante. Mi compañero, fascinado, se quedó y allí sigue. No he vuelto a saber de él. Creo que incluso se matriculó libre en la Universidad de allí. Yo no. Yo me volví a acabar la carrera con mi “patrona” zaragozana.
Bueno, primo, que te vaya bien. Ya nos seguiremos escribiendo. Espero que, con eso de la independencia, ahora que acabamos de saber el uno del otro. Nuestra naciente amistad no sufra. A ver cuándo me vienes a ver y nos conocemos un poco mejor.
Hasta pronto, pues,
Cordialmente
Tu primo Josetín.

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